Es de vieja data la discusión entre la relación que existe entre rock y satanismo, como también el impacto causado por ésta situación para los sectores conservadores de la sociedad occidental. No obstante, tanto estos sectores como los seguidores de las corrientes contemporaneas del rock (metaleros específicamente), en olvidado o sepultado las raíces de dicha relación. Si bien, las diatribas lanzadas contra el efecto nocivo del rock abarcan todo tipo de corrientes y de géneros, actualmente se cierran en simbolos e iconografía cuyo significado se interpreta de manera sesgada, así como a una transcripción (por cierto mal hecha) de las líricas de canciones legendarias del género, además de la invención de historias fantásticas que nada tienen que ver con las leyendas existentes al respecto, las cuáles ni siquiera conocen.
Desafortunadamente, ese desconocimiento de causa lo tienen sectores radicales de metaleros que a la temática de satanismo le han añadido ideología que se traduce en movimientos neonazis, cuando justamente fueron los negros los creadores de la música del diablo. En las temáticas de las letras , y dentro de la historia del blues mismo hay expresiones y contenidos que reflejan los aspectos profanos de la cultura negra, y se traducen en prácticas como la brujería, el voodoo y el empleo de la magia negra a través de conjuros, talismanes y amuletos, aspectos que ni siquiera los sectores conservadores tienen hoy en cuenta, y cuando los tuvieron, sus ataques estuvieron fundados en la más vulgar segregación racial.
¿A qué queremos llegar con lo anterior?; a dar una respuesta afirmativa al interrogante que genera la relación de la música y el satanismo, ya que desde tiempos inmemoriales la música en sí como expresión colectiva ha sido vista como una manifestación profana, que ha buscado ser incorporado a los valores de las culturas dominantes. El mito judeocristiano de la expulsión de Luzbel del cielo por rebelarse a su Dios quieriendo ser igual a él, se complementa con el hecho de que Luzbel era, de igual forma, el ángel de la alabanza y, por lo tanto, el maestro de la melodía, por lo que su destierro conllevó a que Luzbel llevara consigo sus artes con las cuáles ha atraído adeptos hacia el mundo del mal.
Si lo anterior fuese verdadero, a Dios daría gracias por expulsar a su ángel predilecto. Pero, admitiendo que no pasa de ser un mito que ha engalanado la tradición cristiana, y que la maestría de un gran juglar se encargo de hacer un gran pasaje de un gran poema épico, considero que la música es una expresión profana en sí, ya que nace de la condición humana mismo y la capacidad de transmitir un mensaje a través del uso de la melodía, que se nutre de la inspiración individual y la riqueza de las distintas culturas.
Es así como haremos un rastreo de los origenes de la relación de rock y satanismo para así asociar elementos, que a primera vista, parecieran aislados por la distancia espaciotemporal existente entre los mismos, pero que adquieren una relación a partir de los mismos contrastes que se generan al ponerlos en comparación como es el caso del blues y el black metal, por ejemplo.
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